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En el Estudio del escultor Arturo Berned

En el edificio Leitner de Madrid, conviven el estudio de arquitectura Lamela y el estudio y taller del escultor Arturo Berned. Haciendo un símil con sus esculturas, el ex arquitecto, era una pieza importante del estudio Lamela hasta que se despegó del cuerpo principal, para perseguir la belleza. Siguen colaborando juntos, pero con esa franja de aire que independiza la arquitectura de la escultura y que con un simple gesto garantiza un diálogo armónico.

Siguiendo la tradición del “hombre de Vitruvio” de Da Vinci o el “modulor” de Le Corbusier, Berned pliega sus obras de acero, con el rigor matemático de la proporción áurea, pero con su propia interpretación de distintos diálogos entre el espacio, el equilibrio, la posición, la distancia. El vacío en sus esculturas pesa tanto como el cuerpo de acero. Simboliza esa franja de aire que separa a una persona de otra y que indica el grado de confianza, afecto o indiferencia que nos relaciona.

Ayer tuvimos la ocasión de poder hablar con el autor de todas estas emociones, en una reunión privada que se organizó en su estudio. Una maravilla de espacio, donde exhibe parte de sus geométricas y estéticas esculturas. Hablamos de sus procesos creativos, de su técnica de producción, de cómo se enfrenta a un encargo.

Cuando veo una obra de arte abstracta, ya sea pintura, escultura o música, simplemente busco que me inspire, que me parezca evocadora, que me conmueva o motive. Pero reconozco que la explicación de lo que significa o de lo que buscó el autor para generarla, es una pieza literaria que decora agradablemente la obra para hacerla aún más bella.

Y termino ¿Por qué  a lo largo de la vida perseguimos tanto la belleza? Porque la belleza da mucha felicidad, que es lo que realmente perseguimos.

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